← MONITOR CUSSEN QUEBRADAS DEL NORTE ACTUALIZADO 01-09-2026

Quebradas del norte

Las variables que hacen posible un aluvión en ocho ciudades del norte de Chile, medidas y puestas a la vista: la lluvia que ya cayó y la que se pronostica, comparadas con lo que llueve ahí, y qué quebradas desembocan encima de cada ciudad. No es un pronóstico de aluviones ni un sistema de alerta.

En los últimos treinta días, 6 de estas ocho ciudades recibieron más lluvia que la que les cae en un año entero. En Taltal fueron 51,6 mm, el 573% de su promedio anual. En Vallenar, 25,6 mm contra 50 de media. Y en Tocopilla el 18 de agosto cayeron 27,6 mm en un día, cuando el récord de treinta años en ese punto era 14,3.
Para los próximos días el pronóstico es bajo, pero los modelos no se ponen de acuerdo. Para Tocopilla, ECMWF acumula 7,4 mm en dieciséis días y GFS 0,0. Esta página publica el rango de los dos y no su promedio: cuando dos modelos difieren así, el promedio inventa una certeza que no existe.

Consultando la lluvia de los últimos treinta días…

Informe · Antofagasta y Tocopilla PDF · 2 páginas Informe · Copiapó, Chañaral y el Huasco PDF · 2 páginas Ver el relieve en 3D por dónde baja el agua Datos de las 145 quebradas JSON · 8 KB
Mapa de relieve sombreado de Antofagasta con las 25 quebradas que
       desembocan sobre la ciudad delineadas; once de ellas, rellenas en tonos
       cálidos, descargan a menos de 6 km del centro.
Antofagasta está construida en la boca de un abanico de quebradas. Veinticinco cauces bajan del farellón costero hacia la ciudad y once descargan a menos de 6 km del centro. Por ahí bajaron los flujos del 18 de junio de 1991, que dejaron 91 muertos. Delineado sobre el modelo de elevación Copernicus de 30 m; las cuencas de contorno punteado desembocan más lejos.

Lo que ya cayó

Un aluvión no depende solo de la lluvia del día. En una cuenca hiperárida el agua de las semanas previas deja el cauce cargado de material movilizable y el suelo sin capacidad de absorber más; la literatura de zonas áridas identifica la lluvia antecedente como factor crítico para gatillar flujos. Por eso lo primero que hay que mirar no es el pronóstico sino el mes que acaba de pasar.

Barras por ciudad con la lluvia de los últimos treinta días expresada
       como porcentaje del promedio anual del lugar; siete de ocho superan el 100%.
Taltal recibió seis años y medio de lluvia en un mes. Cada barra es lo caído entre el 19 de julio y el 18 de agosto de 2026, medido contra el promedio anual de ese mismo punto. La línea marca un año completo. En un desierto donde el cauce lleva décadas seco acumulando material, esto es lo que carga el sistema antes de que llegue el próximo frente.
ciudadúltimos 30 díasdel año día mayormm al añopróximos 16 días · ECMWF / GFS
Iquique 27,3 45% 7,9 mm · 18-08-2026 61 0,9 / 0,0
Tocopilla 48,6 116% 27,6 mm · 18-08-2026 sobre el récord de 30 años 42 7,4 / 0,0
Antofagasta 27,4 166% 15,8 mm · 18-08-2026 16 3,0 / 0,0
Taltal 51,6 573% 17,4 mm · 11-08-2026 sobre el récord de 30 años 9 1,2 / 0,2
Chañaral 40,2 275% 15,4 mm · 11-08-2026 15 2,4 / 0,0
Copiapó 53,0 165% 20,2 mm · 12-08-2026 32 1,0 / 0,6
Tierra Amarilla 66,5 188% 24,3 mm · 12-08-2026 35 0,8 / 0,6
Vallenar 25,6 51% 11,3 mm · 17-08-2026 50 0,0 / 0,0

Reanálisis ERA5 servido por Open-Meteo. Se contrastó contra el archivo independiente para la ventana que ambos cubren: coinciden con razón 1,00.

El gatillo: lluvia pronosticada contra el registro de cada lugar

En el desierto un número absoluto de milímetros no significa nada por sí solo. Diez milímetros son un día húmedo en Valdivia y dos tercios de un año entero en Taltal. Por eso cada pronóstico se compara con el registro de esa misma ciudad: treinta años de reanálisis diario (ERA5, 1991-2020) dicen cuánto llueve ahí y cada cuánto se repite un día de ese tamaño.

ERA5 subestima estos eventos, y hay que leerlo así. El registro sale de un reanálisis con celdas de unos 31 km, que promedia sobre esa superficie una tormenta que descarga en pocos kilómetros. Para el 18 de junio de 1991 en Antofagasta da 20,9 mm en el día, contra los 14 a 42 mm que midieron tres pluviómetros reales separados por menos de 20 km. Captura del orden de la mitad. Las barras de la figura son un piso, no la lluvia que cayó.

Ese registro se contrasta solo con hechos conocidos. Sin que nadie se lo indique, el día más lluvioso de Antofagasta y de Taltal es el mismo: 18 de junio de 1991, el del aluvión que dejó 91 muertos y 19 desaparecidos según el Ministerio de Obras Públicas. Y el de Copiapó y Tierra Amarilla es el 25 de marzo de 2015, el temporal que sepultó Atacama. El dato reconoce por su cuenta las catástrofes conocidas.

Peor día de los próximos siete, y el registro histórico de cada ciudad.

ciudadpeor día mmdel añocada cuánto ocurre mm al añodía más lluvioso 1991-2020
Iquique 0,3 0% 66 veces al año en promedio 61 8,7 mm · 28-05-1992
Tocopilla 0,3 1% 51 veces al año en promedio 42 14,3 mm · 09-08-2015
Antofagasta 0,0 0% sin lluvia en el pronóstico 16 20,9 mm · 18-06-1991 temporal del 18-jun-1991, el del aluvión de Antofagasta (91 muertos)
Taltal 1,3 14% 1 veces al año en promedio 9 16,2 mm · 18-06-1991 temporal del 18-jun-1991, el del aluvión de Antofagasta (91 muertos)
Chañaral 0,3 2% 6 veces al año en promedio 15 27,5 mm · 23-05-2014
Copiapó 0,0 0% sin lluvia en el pronóstico 32 56,4 mm · 25-03-2015 temporal de Atacama del 25-26 de marzo de 2015
Tierra Amarilla 0,0 0% sin lluvia en el pronóstico 35 62,5 mm · 25-03-2015 temporal de Atacama del 25-26 de marzo de 2015
Vallenar 0,0 0% sin lluvia en el pronóstico 50 87,8 mm · 17-08-1997
Gráfico de barras horizontales por ciudad: el día más lluvioso del
       registro 1991-2020, lo que llueve en un año, y el peor día pronosticado
       esta semana.
En seis de las ocho ciudades, el peor día del registro superó lo que llueve en un año entero. En Taltal, 16,2 mm en un día contra 9 mm anuales; en Vallenar, 87,8 contra 50. Eso es lo que hace peligrosas a estas quebradas: el agua no llega repartida en el año, llega toda junta a un cauce seco lleno de material suelto. La barra oscura es el pronóstico de esta semana, a la misma escala.

Para saber cuánta lluvia hace falta, lo mejor disponible no es un umbral sino la descripción del único evento bien documentado. El estudio meteorológico del aluvión de Antofagasta (Garreaud y Rutllant, 1996) reporta que la lluvia cayó entre las 00:30 y las 03:30 del 18 de junio de 1991 y acumuló entre 14 y 42 mm en tres pluviómetros separados por menos de 20 km. La intensidad media fue de 5 a 14 mm/h, y los autores estiman que por momentos pudo llegar a 24 mm/h, un valor con período de retorno sobre 100 años.

Tres pluviómetros a menos de 20 km midieron el triple unos de otros. Esa dispersión no es ruido: es la naturaleza del fenómeno. El mismo trabajo que cataloga los aluviones históricos de Antofagasta —siete inundaciones de importancia entre 1916 y 1995, cinco de ellas con aluvión— insiste en el carácter convectivo y zonado de estas tormentas, y da el caso que lo resuelve todo:

«La lluvia del 24 de mayo de 1982, por ejemplo, cayó más intensamente sobre la costa ubicada inmediatamente al sur de la ciudad, originando aluviones en El Huáscar y Coloso, pero sin embargo no acumuló más de 5,5 mm en Antofagasta.» Vargas, Ortlieb y Rutllant (2000), p. 168

Hubo aluvión con 5,5 mm en el pluviómetro de la ciudad. No porque 5,5 mm basten, sino porque la tormenta descargó unos kilómetros más al sur y el instrumento no estaba debajo. Cualquier umbral en milímetros medidos en un punto habría dado tranquilidad esa tarde. Por eso esta página no propone uno: publica el pronóstico y el registro para que se lean juntos, y nada más.

Del mismo catálogo, dos regularidades que sí sirven para leer un pronóstico. Los aluviones se generaron entre una y cuatro horas después de que la lluvia comenzó o se tornó intensa, y las lluvias duraron pocas horas —menos de trece en todos los casos—. Y en seis de los siete episodios la precipitación empezó de noche, cuando el flujo catabático por la ladera andina favorece la convergencia cerca de la costa. Lo que importa de un pronóstico acá no es el acumulado del día: es si va a llover fuerte, de noche, durante unas pocas horas.

El terreno: qué desemboca encima de cada ciudad

145 quebradas delineadas sobre el modelo de elevación Copernicus de 30 m, con relleno de depresiones Priority-Flood y direcciones de flujo D8. Para las ciudades costeras la entrada es donde el cauce llega al mar; para Copiapó, Tierra Amarilla y Vallenar, que están tierra adentro, es donde el cauce cruza el perímetro urbano a 3 km del centro.

Corrección del 20 de agosto: las áreas de las cuencas mayores estaban subestimadas. Se habían delineado en ventanas de unos 35 km, y el relleno de depresiones convierte el borde del recuadro en sumidero: a la cuenca se le inventa una divisoria justo adentro y termina ahí, sin llegar a tocar el borde, así que la marca de «cortada» tampoco se activaba. Recalculadas con ventanas que llegan hasta la divisoria, la cuenca mayor sobre Antofagasta pasó de 250 a 4.177 km², la de Taltal de 158 a 1.873, la de Chañaral de 310 a 2.768 y la de Tocopilla de 413 a 950. La de Antofagasta sigue tocando el borde de la ventana nueva: ese número también es un piso.

Antes de publicar esas cifras había que descartar un artefacto conocido: el relleno de depresiones obliga a que toda celda tenga salida, de modo que conecta cuencas cerradas —salares, pampas endorreicas— que en la realidad no desaguan al mar. Se midió cuánta superficie de cada cuenca queda bajo más de cinco metros de relleno: entre 0 y 4%. El drenaje es real, no un artefacto.

Dicho eso, un área de drenaje topográfica no es la superficie que aporta agua en un temporal. Estas tormentas son convectivas y muy locales —el mismo trabajo que documenta el aluvión de 1982 con 5,5 mm en el pluviómetro lo dice—, así que la fracción de la cuenca que llueve a la vez es mucho menor que su extensión total.

Las tres cuencas interiores se calcularon aparte, sobre una ventana que llega hasta la divisoria andina y a 90 m de paso. Una ventana chica les inventa una divisoria en el borde —el relleno de depresiones convierte el límite del recuadro en sumidero— y devuelve un área entre seis y nueve veces menor, sin que nada lo advierta. Las cuencas costeras no tienen ese problema porque terminan en el mar dentro del recuadro.

Sesenta y dos perfiles del terreno de Tocopilla cortados de oeste a
       este y apilados de norte a sur; el mar plano a la izquierda, el farellón
       costero subiendo a 1.501 m a la derecha.
Por qué un aluvión llega con energía a Tocopilla. Cada línea es un corte del terreno de oeste a este: arranca plana sobre el Pacífico, salta en la costa y sigue subiendo hasta 1.501 m en pocos kilómetros. La ciudad cabe entera en ese salto. Las muescas que interrumpen las líneas son las quebradas cortando el farellón; por ahí baja el agua cuando llueve arriba.
Mapa de relieve sombreado de Tocopilla con las quebradas que
       desembocan sobre la ciudad delineadas y coloreadas.
Tocopilla, el caso de este mes. El 17 de agosto de 2026 SENAPRED evacuó cuatro sectores por activación de quebradas. La ciudad ocupa la salida de varias, encajonada entre el mar y un farellón que sube a 1.500 m en pocos kilómetros.
Iquique 18 quebradas · 5 entran a menos de 3 km del centro · Melton máximo 1,02

Entrada detectada por desembocadura al mar. Se listan las ocho de mayor área.

área km²relieve mMeltonlargo km a la ciudad km
84,51.3760,1516,67,2
82,01.1840,1517,35,2
33,71.1990,2110,95,7
11,59380,289,16,5
8,88970,305,63,5
5,58660,374,90,8
5,21.0910,485,610,0
2,79670,594,49,4
Tocopilla 19 quebradas · 6 entran a menos de 3 km del centro · Melton máximo 1,65

Entrada detectada por desembocadura al mar. Se listan las ocho de mayor área.

área km²relieve mMeltonlargo km a la ciudad km
950,02.2870,0739,62,0
50,61.5910,2214,00,5
5,61.7100,724,86,6
4,31.1410,554,410,6
4,31.1830,575,09,1
3,41.5360,843,74,2
2,11.7581,213,59,5
1,47100,603,30,5
Antofagasta 23 quebradas · 6 entran a menos de 3 km del centro · Melton máximo 0,51

Entrada detectada por desembocadura al mar. Se listan las ocho de mayor área.

área km²relieve mMeltonlargo km a la ciudad km
4.177,01.1480,0331,83,6cortada por el recuadro
194,39870,0724,85,6
61,76880,0912,612,0
26,81.0650,2112,010,6
6,01.1220,467,46,8
5,76450,275,97,1
5,67460,326,02,1
4,98130,375,29,3
Taltal 17 quebradas · 4 entran a menos de 3 km del centro · Melton máximo 1,28

Entrada detectada por desembocadura al mar. Se listan las ocho de mayor área.

área km²relieve mMeltonlargo km a la ciudad km
1.873,01.2490,0522,90,4
100,51.2760,1316,74,2
55,21.0750,1415,57,3
12,98410,238,86,2
11,15970,187,61,5
10,96170,196,610,0
8,21.0760,386,03,1
4,16200,305,310,5
Chañaral 24 quebradas · 3 entran a menos de 3 km del centro · Melton máximo 0,72

Entrada detectada por desembocadura al mar. Se listan las ocho de mayor área.

área km²relieve mMeltonlargo km a la ciudad km
2.768,01.3260,0432,22,4
61,18850,1115,66,6
28,48130,1511,50,6
19,67410,179,710,8
7,45330,205,45,9
6,85830,224,93,2
5,85330,224,65,4
4,85310,244,25,1
Copiapó 15 quebradas · 15 entran a menos de 3 km del centro · Melton máximo 0,40

Entrada detectada por anillo urbano 3 km · cuenca completa a 90 m. Se listan las ocho de mayor área.

área km²relieve mMeltonlargo km a la ciudad km
15.903,55.8890,05220,93,0cortada por el recuadro
15.808,85.8890,05218,93,0cortada por el recuadro
36,28920,1510,83,0
14,97700,207,63,0
11,85590,166,63,0
11,56600,197,03,0
2,53040,192,93,0
1,95470,402,53,0
Tierra Amarilla 13 quebradas · 13 entran a menos de 3 km del centro · Melton máximo 0,41

Entrada detectada por anillo urbano 3 km · cuenca completa a 90 m. Se listan las ocho de mayor área.

área km²relieve mMeltonlargo km a la ciudad km
9.253,45.8890,06184,43,0
9.108,45.4540,06184,43,0
42,58490,1311,73,0
40,21.3510,2111,23,0
5,66060,264,93,0
4,75300,243,63,0
3,06340,373,83,0
1,94630,342,13,0
Vallenar 16 quebradas · 16 entran a menos de 3 km del centro · Melton máximo 0,22

Entrada detectada por anillo urbano 3 km · cuenca completa a 90 m. Se listan las ocho de mayor área.

área km²relieve mMeltonlargo km a la ciudad km
6.329,75.8000,07145,93,0
5.955,65.7080,07138,43,0
309,82.3650,1335,93,0
161,71.3090,1024,93,0
54,06910,0914,73,0
49,66610,0914,13,0
10,56910,218,83,0
9,86930,229,53,0

Tocopilla: lo que el radar midió del aluvión

El 17 de agosto se activaron quebradas sobre Tocopilla y SENAPRED evacuó sectores de la ciudad. Todo lo anterior en esta página describe por dónde puede bajar el agua, que es geometría del terreno. Esto es distinto: es la medición de qué se movió.

La técnica es la coherencia interferométrica. El radar Sentinel-1 mide si dos pasadas recibieron la onda con la misma fase; vale 1 cuando la superficie quedó intacta hasta la escala del centímetro y cae a cero cuando cambió tanto que la señal ya no se parece a sí misma. En el desierto de Atacama la coherencia basal es de las más altas del planeta —sin vegetación ni humedad que la degraden— y eso convierte cualquier caída en una señal limpia.

Tres paneles de coherencia interferométrica sobre Tocopilla: el par
       de control sin evento, el par que contiene el aluvión, y un acercamiento
       a la superficie que cambió.
Antes, después, y qué cambió. El panel de la izquierda es el control: cuánta coherencia pierde este desierto en seis días cuando no pasa nada. Sin él, una imagen de coherencia baja no dice nada, porque toda pareja de imágenes pierde algo por sí sola. La banda oscura de la costa es sombra y traslape del radar sobre el farellón, no señal del evento.
órbitaparfechaslínea base coherencia mediana en tierra
ascendentecontrol07-08 → 13-08+106 m0,978
ascendentecon el aluvión13-08 → 19-08−16 m0,970
descendentecontrol08-08 → 14-08+42 m0,993
descendentecon el aluvión14-08 → 20-08−84 m0,958
el mardentro de la misma imagen 0,299

El mar es el segundo control, y está dentro de la misma imagen: el agua no conserva fase, así que marca el piso de una superficie que cambió del todo. Entre ese piso y el techo del desierto se lee todo lo demás. La línea base perpendicular es la separación entre las dos órbitas del par; más abajo se ve por qué importa tanto.

De 11.591 ha de suelo estable, cambiaron 2,6. Están a una mediana de 113 metros de un cauce, contra 256 metros del terreno estable tomado al azar, y en pendiente de 5,9° contra 15,5°. Plano y pegado al cauce: la forma de un depósito, no de una ladera.

Un cauce, acá, es todo punto con más de 0,5 km² de área acumulada aguas arriba sobre el modelo de elevación del propio producto. El umbral está declarado porque las distancias dependen de él: con una red más densa todo queda más cerca de un cauce y la comparación pierde filo.

Lo que el método encuentra cuando no pasó nada

Esa cifra sola no probaría nada, y esta es la parte que faltaba. Aplicado a un par de fechas anterior al aluvión —del 1 al 7 de agosto, sin evento alguno— el mismo método con los mismos umbrales encuentra 2,4 ha. Casi lo mismo. Si uno se queda en la superficie, no hay resultado que defender.

Dos paneles de cajas comparando tres pares interferométricos: el
       anterior al aluvión, el que lo contiene y el posterior. El anterior queda
       lejos del cauce y en pendiente media; los otros dos, cerca del cauce y en
       terreno plano.
El mismo método sobre tres pares. Sólo el del medio contiene el aluvión. La línea cortada es el terreno estable tomado al azar, que es la hipótesis nula. El par sin evento (gris) cae más lejos del cauce que el azar y en pendiente corriente; los otros dos caen pegados al cauce y en lo más plano de la escena.

Lo que separa una cosa de la otra no es cuánta superficie, sino dónde y sobre qué terreno. Los parches del par sin evento están a 825 metros de un cauce —tres veces más lejos que el azar— y en pendiente de 13,1°, o sea ladera corriente. Y no comparten ni un solo píxel con los del par que contiene el aluvión.

Hay una tercera medición que lo cierra. En el par siguiente al evento —19 al 25 de agosto, cuando ya no ocurría nada— el 65 % de esos mismos píxeles sigue perdiendo coherencia, con la misma firma: 144 metros del cauce, 5,9° de pendiente. Es lo que hace un depósito fresco, que se sigue asentando y reelaborando durante semanas. Un artefacto de estimación no se quedaría quieto en el mismo sitio dos pares seguidos.

La segunda órbita no confirma. La contradice, y se sabe por qué

La órbita descendente tiene mejor par basal —0,993 contra 0,978— y por eso debería detectar mejor. Detectó 115 ha, cuarenta y cinco veces más que la ascendente. Sometida a los mismos dos controles, no pasa ninguno: sus parches están a 400 metros del cauce contra 280 del azar, o sea más lejos que por azar, y en pendiente de 26,4° contra 17,2°, o sea en lo más empinado. Firma opuesta a la de un depósito.

La causa está en la tabla de arriba. La línea base perpendicular del par descendente que contiene el aluvión es de -84 m, el doble que la de su propio control. La decorrelación geométrica crece con esa separación y con la pendiente del terreno, y esto es un farellón de más de mil metros. No es un cambio de la superficie: es geometría de la observación.

Y hay un experimento que lo confirma sin discusión. El par descendente siguiente, del 20 al 26 de agosto —una semana en la que no pasó nada— tiene línea base de 54 m, de vuelta a lo normal, y detecta 16,6 ha: siete veces menos. Lo único que cambió entre un par y otro fue la geometría, y la detección la siguió.

El par ascendente, en cambio, tiene línea base de -16 m contra los 106 m de su control: la geometría le jugaba a favor de conservar coherencia, y la coherencia cayó igual.

Qué se puede afirmar y qué no

Se puede afirmar que entre el 13 y el 19 de agosto hubo 2,6 ha de superficie que estaba estable y dejó de estarlo, en el fondo de una quebrada sobre Tocopilla, distinguible del ruido del método por su posición y por el terreno en que cae, y que sigue reelaborándose la semana siguiente. Se puede afirmar también que procesar un solo par interferométrico no bastaba acá: la elección de órbita cambiaba la respuesta por un factor de cuarenta y cinco.

No se puede afirmar que el aluvión afectó 2,6 ha. Eso es lo que este método detectó con estos umbrales. El píxel mide 40 m y un cauce activo mide veinte o treinta: un cambio confinado al lecho se diluye dentro del píxel, así que la cifra es un piso, no la superficie real ni una medición del daño. Tampoco se puede afirmar nada sobre las laderas en sombra y traslape del radar, que se descartaron por venir con coherencia baja desde el par control: son buena parte del farellón, y ahí esta medición no tiene nada que decir.

Dos cosas que suenan razonables y no funcionan acá

Las dos se iban a usar en este monitor. Las dos se descartaron después de medirlas.

1 · El índice de Melton se invierte en el desierto

El criterio clásico dice que una cuenca con índice de Melton sobre 0,6 puede generar flujo de detritos, y bajo 0,3 solo crecida de agua (Wilford et al. 2004, calibrado en 65 abanicos de Columbia Británica). Aplicado a las 145 quebradas de este monitor, el resultado es el siguiente: en Antofagasta, Copiapó, Tierra Amarilla ninguna quebrada supera 0,6. En Antofagasta el máximo de 23 quebradas es 0,51; en Copiapó, de 15, es 0,40; en Tierra Amarilla, de 13, es 0,41.

Dispersión del índice de Melton contra el área de cuenca para las 151
       quebradas, con la línea del umbral 0,60. Las quebradas de Antofagasta,
       Copiapó y Tierra Amarilla quedan todas por debajo.
Las 151 quebradas contra el umbral clásico. Cada punto es una cuenca. Las de las ciudades que sufrieron los desastres —en color— quedan todas o casi todas bajo la línea, mientras que varias quebradas de ciudades sin aluviones documentados la superan holgadamente. El criterio ordena las cuencas por forma, no por peligro.
Esas son justamente las ciudades de los dos peores aluviones de la historia moderna de Chile — Antofagasta 1991 y Atacama 2015. El criterio no habría marcado ninguna de sus quebradas.
Esto ya estaba publicado para Chile, y con mejor evidencia que la mía. Aguilar, Cabré, Fredes y Villela (2020) analizaron 124 cuencas tributarias del valle del Huasco tras el temporal de marzo de 2015 y verificaron en terreno cuáles habían generado flujo de detritos: 49 de 124. Su resultado es explícito: «los flujos de detritos ocurrieron solo en el 9% de las cuencas con pendiente media alta y gradiente topográfico alto, mientras que en el 50% de las cuencas con pendientes bajas y gradientes topográficos bajos sí ocurrió flujo de detritos». Es decir, en el Atacama los flujos salen de cuencas grandes y tendidas: al revés de lo que predice el criterio calibrado en montaña húmeda.

Lo que aporta esta página es más modesto y conviene decirlo con claridad. Primero, que la relación se sostiene sobre ocho ciudades desde Iquique hasta Vallenar y no solo en una cuenca. Segundo, la comparación explícita contra el umbral clásico —que los autores del trabajo del Huasco no hacen— y contra las ciudades que efectivamente sufrieron los aluviones. Los datos de terreno son de ellos; acá solo hay topografía.

El resultado es robusto en la dirección que importa. El relieve se mide aquí desde la cota mínima de la cuenca, que en las ciudades costeras es el nivel del mar; medido desde el ápice del abanico —la otra convención en uso— el relieve sería menor y el índice todavía más bajo. Los valores publicados arriba son, entonces, un techo: la cuenca no puede clasificar mejor de lo que aparece.

No es un error de cálculo: es que el índice se calibró en cuencas de montaña húmeda y con bosque, donde hace falta mucha pendiente para movilizar sedimento. En el desierto el material ya está suelto en el cauce y no hay vegetación que lo sujete, así que una cuenca mucho más tendida basta. La revisión más reciente lo dice textualmente: «en la práctica no existe un umbral R bien definido, con flujos de detritos ocurriendo en cuencas con valores de R de hasta 0,15» (Bloomberg et al. 2025, NHESS 25: 647-656).

Conviene ser cuidadoso con lo que esos autores sostienen y lo que no. Ellos no recomiendan abandonar el índice: lo defienden como herramienta de reconocimiento a escala regional, que después exige verificación en terreno. La conclusión de que acá no sirve para descartar peligro es mía, y sale de esta medición, no de ellos. Por eso el índice se publica arriba como dato descriptivo y no como clasificador.

2 · La isoterma cero: sirve, pero no en las cuencas costeras

La intuición operativa es que una isoterma cero alta agrava el riesgo, porque más superficie de la cuenca recibe lluvia líquida en vez de nieve. Es correcta, y por eso iba a entrar como factor en este monitor. Al medir las cuencas resultó que solo aplica a una parte de ellas, y no a las que más se nombran.

Las quebradas que desembocan sobre Antofagasta llegan a 1.767 m; las de Chañaral a 1.973, las de Taltal a 2.276, las de Tocopilla a 2.282. La isoterma cero en Antofagasta tiene un percentil 10 de 3.832 m en julio, su mes más bajo, según 47 años de radiosondas de la Dirección Meteorológica de Chile. O sea que la cuenca entera recibe lluvia líquida siempre: la variable está saturada y no separa un día de otro. Incluirla habría sido decorar el indicador con un número que nunca cambia de lado.

Donde sí discrimina es tierra adentro. La cuenca del río Copiapó junta 15.903 km² y sube a 5.976 m, con el 15% de su superficie sobre los 4.000 m; en Tierra Amarilla ese porcentaje es 22% y en Vallenar 20%. Ahí la altura de la isoterma sí decide cuánta superficie aporta escorrentía y cuánta retiene la nieve, y por eso en el temporal de marzo de 2015 —con la isoterma entre 4.000 y 4.500 m— la cuenca entera contribuyó de una vez. No es una variable del norte: es una variable de las cuencas altas, y tratarla como si valiera para toda la macrozona es el error.

Corrección del 19 de agosto. La primera versión de esta sección afirmaba que durante el aluvión de Antofagasta de 1991 la isoterma cero estaba en torno a 2.300 m, y de ahí concluía que la variable no servía en ninguna parte. Al verificar la cita resultó que el artículo referenciado trata de otro evento —las inundaciones de Atacama de marzo de 2015— y no contiene ese dato. La afirmación se retiró: no se pudo establecer a qué altura estaba la isoterma esa noche. La conclusión de arriba no depende de ella, porque sale de medir las cuencas.

Qué es esto y qué no es

No es un pronóstico de aluviones, ni un sistema de alerta. Es el estado de tres variables que hacen posible uno, medidas con datos abiertos y publicadas con su incertidumbre. No sustituye ninguna comunicación oficial.

Las alertas de Chile las emite SENAPRED, con el pronóstico de la Dirección Meteorológica de Chile y la información hidrológica de la Dirección General de Aguas. Ante un aviso oficial, manda el aviso oficial.

El autor cursa un magíster en teledetección y aún no se titula: nada de lo publicado acá está validado ni revisado por pares. Las cuencas están delineadas de un modelo de elevación y no verificadas en terreno; las cuencas marcadas como cortadas se extienden más allá del recuadro analizado y su área es un piso, no el valor real.

De dónde sale cada dato

Cussen Research · 41° Sur, Chile · generado el 01-09-2026
Volver al monitor · El método y sus límites