← MONITOR CUSSEN BHOTE KOSHI · NEPAL DATOS AL 31 de agosto de 2026

La cicatriz del Bhote Koshi

El 26 de agosto de 2026, a las 08:37 hora de Nepal, se desprendió un trozo de glaciar de unos 0,2 km² del Langtang Lirung y cayó más de un kilómetro de desnivel a la cabecera del Lhende Khola. El flujo de detritos que se formó bajó por el Bhote Koshi y el Trishuli, mató a más de 1.400 personas y destruyó el paso fronterizo de Rasuwagadhi. Esta página mide con radar cuánta superficie del corredor del río quedó marcada, y —lo que cuesta más— muestra cómo se distingue esa marca del ruido de un valle del Himalaya en pleno monzón.

77,9 hectáreas de cicatriz a lo largo del cauce, contra cero en los dos períodos de control. En las 6.086 hectáreas de corredor del río que el radar alcanza a medir, los doce días que contienen el colapso dejan 77,9 hectáreas de cambio en 29 parches continuos, repartidos entre 1,5 y 10,6 km del origen. Los dos períodos de doce días anteriores, en que no pasó nada, dejan 0,0 hectáreas con el mismo criterio. La retrodispersión sube +3,6 decibeles: donde había vegetación y agua quedó depósito desnudo.
77,9 hade cicatriz en el corredor del río
0,0 haen los dos períodos de control, mismo criterio
10,6 kmhasta donde llega la cicatriz medible
+3,6 dBsube la retrodispersión en la cicatriz
Imagen de radar del valle con los cauces dibujados en azul y, sobre ellos, parches
       rojos que forman una línea discontinua desde el origen del desprendimiento, marcado con
       una estrella amarilla, hacia el norte y luego hacia el oeste siguiendo el río.
Los parches de cambio caen sobre el cauce, uno tras otro. Esa es la prueba de que no es ruido: el ruido del monzón no sabe dónde está el río. El fondo es la imagen de radar del 31 de agosto de 2026; en rojo, el cambio respecto del 19 de agosto de 2026 en parches de al menos 1,1 hectáreas; en azul, los cauces según OpenStreetMap. La estrella marca el desprendimiento.

Cómo se separa la cicatriz del monzón

En un valle del Himalaya a fines de agosto el terreno cambia solo, y mucho: llueve, la vegetación crece, la nieve sube y baja, el suelo se satura. Todo eso mueve la retrodispersión del radar. Si uno se queda con el criterio habitual —píxeles que cambian más de 3 decibeles— el período del colapso da 245,6 hectáreas y los de control dan 154,3 y 97,5. Es más, pero no es una diferencia con la que uno quiera salir a publicar nada.

La diferencia real no está en cuánto cambia sino en cómo. El cambio del monzón sale disperso: un píxel acá, otro allá, repartidos por toda la ladera. Un flujo de detritos deja una franja continua por donde pasó. Al exigir, además del umbral, que los píxeles formen parches de al menos 1,1 hectáreas, los dos períodos de control caen a 0,0 y el del colapso conserva 77,9.

Dos gráficos de barras. En el primero, con el umbral solo, los tres períodos tienen
       barras comparables. En el segundo, exigiendo parches de una hectárea, los dos períodos de
       control quedan en cero y sólo el del colapso conserva su barra.
El mismo umbral, con y sin exigir continuidad. A la izquierda, píxeles que cambian más de 3 dB: los tres períodos se parecen. A la derecha, sólo lo que forma parches de 1,1 hectáreas o más: los controles desaparecen. Ese filtro es toda la diferencia entre medir un flujo de detritos y medir el clima.
período de 12 díasha con cambiodel corredorha en parchesparches
26-jul → 7-ago154,32,54 %0,00
7-ago → 19-ago97,51,60 %0,00
19-ago → 31-ago · con el colapso245,64,04 %77,929

Corredor del cauce, a unos 120 m de cada lado, dentro de los primeros 15 km desde el origen: 6.086 hectáreas que el radar mide en las cinco fechas. Umbral 3 dB; parche mínimo 1,1 ha.

Dónde golpeó

Gráfico de barras de hectáreas de cicatriz por kilómetro desde el origen, con una
       línea que muestra la proporción del corredor afectada, alta en los primeros kilómetros y
       decreciente aguas abajo.
La cicatriz se reparte a lo largo de diez kilómetros, pero la proporción del cauce que el flujo se llevó es máxima arriba. En el kilómetro 2 el flujo ocupó el 17 % del corredor medido; más abajo el promedio baja al 1 %. Que la cicatriz siga siendo detectable a 10,6 km da una idea del alcance, no del total: el flujo siguió mucho más lejos, por tramos que esta ventana no cubre.

Tres resultados que hubo que descartar

Esta medición se rehízo cuatro veces. Los tres primeros resultados parecían buenos y estaban mal, y vale la pena dejarlos anotados porque el error es más instructivo que el acierto.

  1. El modelo nulo que no era comparable. La primera versión juzgaba el evento contra una pila de tres fechas previas y el modelo nulo contra dos. Daba 187 hectáreas de evento y 4.144 de nulo: parecía que el método no servía en el Himalaya. Pero con dos fechas la desviación por píxel es más baja y el criterio de «tres desviaciones» se vuelve mucho más permisivo. No medían lo mismo.
  2. La cuarta fecha que estaba contaminada. Igualadas las pilas a tres fechas, el resultado se dio vuelta: 412 hectáreas contra 68, y parecía un éxito. Pero la fecha que se agregó para lograrlo, el 14 de julio, resultó ser una escena anómala: comparada con la del 26 de julio da 12.656 hectáreas de «cambio» sin que hubiera pasado nada, casi con seguridad porque llovía cuando pasó el satélite. Meterla en la pila del nulo infla su desviación y abarata el piso.
  3. El fondo de valle mal definido. Para comprobar si el cambio estaba en el cauce se definió «fondo de valle» con el modelo de elevación, como los píxeles a menos de 50 m sobre el mínimo local. Con esa definición salía que el radar sólo veía el 12 % del fondo, y la conclusión habría sido que el cauce es invisible. Contra el trazado real de los cauces, el radar mide el 87 % de ellos y el 83 % del resto del terreno: no está ciego ahí. La definición por elevación seleccionaba gargantas encajonadas, que sí están en sombra, y no el río.

La cuarta versión es la de esta página: pares de fechas consecutivas, sin pilas; el corredor del cauce real; y el filtro de forma. Los scripts de las cuatro están en el repositorio del caso, no sólo el que funcionó.

Lo que esta página no puede afirmar

Las 77,9 hectáreas son cicatriz detectable por radar dentro de la ventana medida, no la superficie total arrasada. La ventana cubre los primeros 15 km del corredor y el flujo viajó mucho más lejos; hacia aguas abajo el valle se ensancha y la cicatriz se vuelve más difícil de separar del cauce normal del río en crecida. El radar no mide profundidad ni volumen de depósito: mide que la superficie cambió de rugosidad. Un aumento de retrodispersión también lo produce un terreno que se seca, así que la atribución descansa en la geometría —que el cambio siga el cauce— y en los dos períodos de control, no en el valor en decibeles. La máscara de sombra y traslape deja fuera parte del terreno en las cinco fechas, y esa parte simplemente no se midió. Las cifras del desastre (fallecidos, centrales dañadas, pérdidas) son de fuentes periodísticas y oficiales citadas abajo, no de esta medición.

Fuentes

Cussen Research · 41° Sur, Chile. Medición propia sobre datos abiertos, con las limitaciones declaradas arriba. Datos: datos.json. Los scripts que producen cada cifra y figura están disponibles a quien los pida.